Elena salió del departamento.
-¿Qué tal? ¿Te ha subido algo? –le preguntó Jose.
-Nada. Por medio punto me toca matricularme de nuevo… Ais. Te dejo. A ver si tú tienes más suerte que yo.
Sonrió y se marchó. El chico no terminó de entender por qué, después de semejante putada, a su amiga le brillaban los ojos. Tampoco entendió luego por qué el profesor le aprobaba a él la asignatura, habiendo sacado un tres en el examen. Pero eso último daba igual. Salió tan contento del despacho que no reparó en el envoltorio de un preservativo que alguien había olvidado recoger del suelo.
