Una de romanos
Lunes, 21 Septiembre 2009 por Kaya
Llevaba años con ganas de vestirme de romana. De romana de verdad, no de paripé carnavalero. Y para conseguirlo sin hacer demasiado el ridículo no sólo hace falta un atuendo adecuado, sino también como mínimo un escenario o un evento que lo convierta en algo medianamente creíble.
Tenía dos opciones: ir de figurante a una película/serie o apuntarme a algún tipo de recreación histórica. Como lo primero es más difícil, tiré por lo segundo. Y ahí estuve el fin de semana, participando en el maratón fotográfico de las jornadas de “Segovia Romana” -calle Real arriba, calle Real abajo- con túnica, capa, tocado y sandalias de cuero.
Al final todos los eventos en los que vas a pasar más de dos o tres horas son iguales, sean recreaciones históricas, convenciones literarias, quedadas roleras o conciertos de Benidor: están estupendamente las conferencias y batallas, el argumento de la partida o la actuación de tal grupo, pero lo que luego te llevas son las tertulias de café, el reencuentro con Fulanito o Menganita –al que ves de año en año-, la aventura para encontrar una ducha libre o los chavales tan simpáticos que te ayudaron a montar la tienda de campaña.
Y aunque los desfiles, pasacalles y talleres han estado muy bien, yo me quedo con aquel fotógrafo de Valladolid que coleccionaba miradas; con las chanzas a los pies del acueducto con los miembros de la cohorte de tropas auxiliares; con la sufrida Patricia, que a paso de marcha perseguía cámara en mano al pelotón de su padre –aka Metelus, que parecía un mercenario galo de verdad-; con los legionarios de pinta hollywoodiense que perdían a sus esposas por el camino; con la mirada bribona del gobernador; con los piropos callejeros de un senador de Tarraco.
Gracias a todos -a aquellos con los que charlé durante horas, a los que sólo me dirigieron una palabra- por hacer que no fuera sólo una osada fotógrafa solitaria en medio del barullo.

¿Y las fotos? ¿Para cuándo?